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7 de mayo de 2026

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    Nuestra unidad “universal”. Cuando miramos una silla, vemos la madera, pero ya no vemos el árbol, el bosque, el carpintero o nuestra propia mente. Pero cuando meditamos sobre ella, podemos ver el universo entero en todo su entramado de relaciones interdepend¡entes con la silla. La presencia de la madera nos va revelando la presencia del árbol... Los que meditan pueden ver la unidad en la multiplicidad, y la multiplicidad en la unidad. Aun antes de ver la silla, pueden sentir su presencia en el corazón de la realidad viviente. La silla no es algo separado. Existe sólo en sus relaciones interdependientes con todo el resto del universo. Existe porque todas las demás cosas existen. Si no existe, entonces tampoco todas las demás cosas existen. Cada vez que usamos la palabra «silla» o formamos en nuestra mente el concepto «silla», la realidad se parte por la mitad. Está la «silla» y está todo lo demás que es «no-silla». Esta manera de separar es violenta y absurda. Funciona así ...

6 de mayo de 2026

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    El poder interior.  Aquí yacen, aquí puedo tomarlas, como si fueran un montón de arena, como ceniza pálida y oscura, praderas y jardines en mis manos. En este polvo sueñan muchas flores. En este grano yace una camelia que beberá en las aguas de un arroyo. De este polvo saldrán las azucenas aquí encerradas cual si fueran muertas. De estos granos saldrá un millón de rosas. Puedo soplar un parque con mi aliento, mientras un bosque duerme entre mis manos. La Tienda de las Semillas El que provee de semilla al sembrador y de pan para comer, proveerá y multiplicará vuestra semilla y hará crecer la cosecha de vuestra limosna. 2 Corintios 9, 10 Recuerda que el Reino de Dios es como una siembra de semillas: Marcos 4, 26-29. ¿Cuál es tu intervención? Toma, uno por uno, los pequeños talentos que posees. Deposítalos suavemente en la «tierra» de tu corazón. Mira cómo crecen: al principio, despacio, pero después se extienden y dan mucho fruto, con la gracia de Dios. La gente habla d...

5 de mayo de 2026

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Ser testigos del amor. En cierta ocasión, San Francisco de Asís invitó a un fraile joven a que le acompañara a la ciudad, para predicar. Se pusieron en camino y anduvieron por las principales calles de la ciudad. Varias personas se volvían hacia ellos para saludarles amistosamente. Devolvían el saludo con una inclinación, una sonrisa o unas palabras amables. De vez en cuando, se detenían para acariciar a un niño o para hablar con alguien. Durante todo el paseo, San Francisco y el fraile mantenían entre ellos una animada conversación. Después de haber callejeado durante un buen rato, el fraile joven pareció inquieto y le preguntó a San Francisco dónde y cuándo iban a comenzar su predicación. —Hemos estado predicando desde que atravesamos las puertas del convento –le replicó el santo–. ¿No has visto cómo la gente observaba nuestra alegría y se sentía consolada con nuestros saludos y sonrisas? ¿No han advertido lo alegres que conversábamos entre nosotros, durante todo el camino? Si estos ...

4 de mayo de 2026

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El amor en la vida diaria. Estaba quitando el polvo a la habitación cuando descubrí a Dios. Lo había buscado antes, muchas veces, arriba y abajo, en la alcoba de mi señora...  pero nunca donde lo encontré, ¡el último sitio en que se me habría ocurrido mirar!  ¡Y no pienses que te voy a decir en seguida dónde lo encontré! Después de todo, a mí me costó cuarenta años; ¿por qué te lo iba a poner a ti tan fácil? Puedes muy bien esperar un par de líneas más, por lo menos. Bueno, ¿dónde estaba yo? Ah, sí. En la alcoba, tratando de descubrir a Dios. Pues bien, ¿dónde crees tú que estaba? Te apuesto a que nunca lo sospecharías. ¡Estaba aquí, dentro de mí, todo el tiempo!...  Realmente, tiene gracia. Parece que no encaja con mis quehaceres domésticos que yo vaya de aquí para allá con Dios dentro de mí. Brenda Rogers En él vivimos, nos movemos y existimos. Hechos 17, 28 ¿Cuándo has encontrado a Dios? ¿Se te ha mostrado? ¿Cómo?  ¿Tienes un cuerpo? ¡No te sientes bajo el porche!...

3 de mayo de 2026

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    El torrente del amor. Un discípulo recién iniciado se acercó al gran Maestro junto a la orilla del río, y le pidió que le enseñara cómo «entrar por el Camino». —¿Oyes el fluir del río? –le preguntó el maestro. El discípulo inclinó su cabeza, mantuvo un profundo silencio durante un rato, y después replicó: —Sí, maestro, lo oigo. —Ese es el camino para entrar –le indicó el maestro. Un momento de conciencia profunda nos pone en el camino que lleva al corazón del silencio, hacia Dios. «Dios es un gran río subterráneo». Y tú nadas en él. Una persona iluminada es como «un árbol plantado junto al agua, arraigado junto a la corriente; cuando llegue el bochorno no temerá, su follaje seguirá verde, en año de sequía no se asusta, no deja de dar fruto (Jeremías 17, 8). Escucha a Jesús que te dice: «Quien beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, pues el agua que le daré se convertirá dentro de él en manantial que brota dando vida eterna» (Juan 4, 14). Detente un rato y profund...

2 de mayo de 2026

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    El cálido resplandor del amor.  Hay una anécdota acerca del padre de una de las grandes poetisas americanas, Emily Dickinson. Cierta tarde, a la hora de la cena, comenzó la campana a tocar a fuego. La gente salió corriendo de sus casas, muchos de ellos llevando aún en sus manos los cubiertos de la cena, y mirando en torno para ver dónde estaba el fuego. Junto a la campana estaba el señor Dickinson. Vio que era un bellísimo atardecer y no quiso que sus vecinos se lo perdieran. Y tocó a fuego para que ellos lo contemplaran antes de que fuera demasiado tarde. La mayor parte regresaron a sus casas meneando SUS cabezas y diciendo: «Este Dickinson está más loco que un cencerro». Toda dádiva buena y todo don perfecto baja del cielo, del Padre de los astros. Santiago 1, 17 Imagina qué pasaría si un día no saliera el sol. ¿Y si no hubiera sol? Reflexiona sobre la bondad y presencia de Dios en el don que nos hace del sol. «El Señor pone el sol para iluminar el día, y la luna y ...

1 de mayo de 2026

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    Generosidad de los Pobres.  Hay un bello relato en el que el profeta Elías es enviado por Dios a una pobre viuda de Sarepta. La viuda le dio al profeta todo lo que le quedaba de sus pocas provisiones, y fue bendecida con un cuenco de harina que nunca se vaciaba y una aceitera que nunca se agotaba (1 Reyes 17). Nosotros somos «vasos de arcilla», y la arcilla húmeda puede ser remodelada por Dios en cualquier momento. Dios derrama constantemente su amor sobre nuestros corazones (Romanos 5, 5) y los llena hasta rebosar. Esta semana meditaremos sobre los dones de Dios, dentro y en torno a nosotros, haciéndonos más conscientes del Creador que está presente en ellos, dándosenos constantemente, hasta llenarnos con su amor. Pide la gracia de sentir íntimamente que tu vida es un don, y de ver toda la realidad creada corno un don de Dios para ti. Pide devolver a Dios, con gratitud, estos mismos dones transformados en amor y servicio a los demás. Señor, tú eres Dios. Señor, tú es...