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26 de abril de 2026

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    Domingo IV de Pascua. Evangelio (Jn 10,1-10)  «Yo soy la puerta de las ovejas» y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.  Hoy, en el Evangelio, Jesús usa dos imágenes referidas a sí mismo: Él es el pastor. Y Él es la puerta. Jesús es el buen pastor que conoce a las ovejas. «Las llama una por una» (Jn 10,3). Para Jesús, cada uno de nosotros no es número; tiene con cada uno un contacto personal. El Evangelio no es solamente una doctrina: es la adhesión personal de Jesús con nosotros. Hoy, un ecumenismo mal entendido hace que algunos se piensen que Jesús es uno de tantos salvadores: Jesús, Buda, Confucio…, Mahoma, ¡qué más da! ¡No! Quien se salve se salvará por Jesucristo, aunque en esta vida no lo sepa. Como se rieron de Cristo muchos otros durante su vida terrena. Como cuando se acercó a la hija de Jairo, que había muerto, y dirigiéndose a las plañideras, que lloraban y gritaban les dijo: “¿De qué os afligís tanto y lloráis? La muchacha no está muerta, sino d...

25 de abril de 2026

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Un huracán de amor. Supónte que digo: «Sé que hace viento». Con la palabra «sé» me estoy refiriendo a mi mente; por lo que la frase quiere decir: «Mi mente conoce que hace viento». La mente es la que conoce, por lo que, en realidad, estamos diciendo: «La que conoce sabe qué hace viento». Pero decir esto es raro... Nos imaginamos que la que conoce es un ser que existe independientemente de su objeto y que reside en nuestro cerebro, haciendo breves excursiones al «mundo exterior» para ver lo que allí pasa. Como cuando usamos una regla para medir algo...  Cuando decimos: «Sé que está soplando el viento», no pensamos que hay algo que está soplando sobre algo. El «viento» va con el «soplar». Si no sopla, no hay viento... «Conocer» es conocer algo. Aquí el conocer es inseparable del viento. Podemos decir: «Viento», y esto basta. Indica la presencia del conocimiento y la presencia de la actividad de soplar. Thich Nhat Hanh El amor posee también el poder de transformar, porque transforma a...

24 de abril de 2026

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Transmitir la fe . Resulta muy interesante la historia de cómo comenzó la gran carrera artística de Leonardo de Vinci. Su viejo maestro cayó gravemente enfermo, y pidió al joven Leonardo que terminara una pintura que había dejado sin acabar. Leonardo se opuso, diciéndole que no era capaz de completar una obra del maestro. Pero el maestro insistió y convenció a Leonardo para que aceptase la tarea. Leonardo aceptó el encargo como un reto, por agradar al maestro a quien apreciaba mucho. Trabajó con todo empeño y, cuando quedó terminado el cuadro, le llovieron alabanzas de todas partes. Su maestro quedó tan impresionado por el trabajo que, lleno de humildad, le dijo a Leonardo: «Hijo mío, desde ahora no hace falta que yo pinte más». Y le traspasó el oficio a Leonardo. Pide valor para cumplir la misión de Cristo en lo grande y en lo pequeño. Quisiera quedar totalmente agotado, cuando muera; porque cuanto más haya trabajado, más habré vivido. La vida no es, para mí, una pequeña vela. Es una ...

23 de abril de 2026

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Servicio de difusión . Jesús subió al «cielo». Imagínate cómo entra Jesús en el cielo. Todos los ángeles forman el comité de recepción. Quedan espantados al ver las heridas de sus manos y pies. Sintiéndose preocupados de que todo el trabajo de Jesús en la tierra y todos los sufrimientos que pasó puedan resultar inútiles ahora que él no está allí, el arcángel Gabriel le dice a Cristo: —Señor, ¿estás seguro de que toda la gente del mundo es consciente de que sufriste la Pasión por el gran amor que tienes hacia toda la humanidad? —Bueno –le respondió Cristo–, por ahora sólo un pequeño grupo de mis discípulos conoce mis sufrimientos y misión. Estoy seguro de que ellos se lo comunicarán a los demás. —No funcionará –protestó Gabriel–. Después de todo, los seres humanos son muy débiles y poco serios. Para la mayor parte de ellos, lo que no ven no lo creen. Las generaciones venideras comenzarán a dudar de ti, incluso te olvidarán. Es demasiado arriesgado fiarse solamente de un puñado de hombre...

22 de abril de 2026

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Ojos nuevos.  Un niño entró en la clase llevando gafas por vez primera. Sus condiscípulos comenzaron a burlarse de él. El maestro estaba a punto de salir en su defensa, cuando observó que todo el jaleo se había detenido y que todos estaban fijos en el niño. Este miraba por la ventana, de forma extraña, con sus ojos y gafas dirigidos al cielo. El cacique de los burlones, lleno de curiosidad, se fue hacia la víctima y le preguntó qué es lo que estaba mirando. —¿Es que no lo veis? –les dijo el niño mirándoles a través de sus nuevas gafas. —No –respondió toda la clase. —¡Es porque no lleváis gafas! –dijo, triunfante, el niño. Pide una nueva visión del Señor Resucitado, para que puedas ver con el corazón. Pide la gracia de experimentar, dentro de ti, su poder para que te dé una nueva perspectiva de toda la realidad, y te mueva a amarle y servirle para realizar su Reino. Amar como él ama, ayudar como él ayuda,  dar como él da, servir como él sirve, estar con él las veinticuatro hora...

21 de abril de 2026

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Su presencia por doquier.  Caryll Houselander nos describe su experiencia de la presencia de Dios: «Viajaba en el metro, en un vagón atestado con toda clase de gentes: sentadas, agarradas a los asideros, que regresaban a sus hogares al final del día. De pronto, vi en mi mente, pero con mucha claridad, una escena maravillosa: Cristo estaba en todos ellos. Pero vi aún más: no solamente estaba Cristo en cada uno de ellos, viviendo en ellos, muriendo en ellos, gozando en ellos, sufriendo en ellos.., sino que, porque El estaba en ellos y ellos estaban allí, todo el mundo estaba también allí, en aquel vagón del metro; y no sólo estaba todo el mundo actual, sino que estaban también todas gentes que habían vivido en el pasado y las que iban a vivir en el futuro. «Salí a la calle y anduve mucho tiempo entre la muchedumbre. Aquí estaba ocurriendo lo mismo: por todas partes, en cada persona que pasaba... estaba Cristo». Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo. Mateo 28, 20 Refl...

20 de abril de 2026

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Encontrar a Cristo. Hay un hombre frente a mí, Señor. Trato de verle, tal como es, por encima de mis simpatías o antipatías, por encima de mis opiniones o sus opiniones, por encima de mi conducta o su conducta. Trato de que sea, ante mis ojos, como él es, en realidad; sin forzarle a atacar o defenderse,  o a practicar algún otro juego.  Trato de respetarle como a un ser distinto de mí. No trato de hacerle prisionero  ni de obligarle a estar a mi lado ni de hacer que venga tras de mí.  Trato de aparecer pobre a sus miradas,  para no aplastarlo ni humillarlo ni obligarle a estarme agradecido.  Trato de hacer estas cosas, Señor,  porque este hombre es único, y, por lo tanto, es rico con una riqueza que yo no poseo. Yo soy el pobre, Señor. Yo, el que estoy a su puerta, desnudo, despojado, para que, en su corazón, ¡oh Cristo resucitado!, pueda sorprender un gesto de tu rostro,  que me sonría y me invite. Michel Quoíst Para imitar a Jesús, hemos de conv...