13 de abril de 2026
Saborear su presencia. Sucedió en mi habitación, en la tarde del 1 de Febrero de 1913, cuando era estudiante en Cambridge. Si dijera que Cristo vino a mí, estaría diciendo una frase convencional sin especial significado, porque Cristo se presenta de diversas maneras, a los hombres y a las mujeres. Cuando trato de recordar la experiencia que tuve, suelo compararla con la visión legendaria del Santo Grial. Lo que a mí me ocurrió fue algo así. Sin embargo, no fue una visión sensible. Allí no había más que la habitación con su viejo mobiliario, el fuego ardiendo en la chimenea y la lámpara encendida sobre la mesa. Pero la habitación estaba llena de una Presencia que, de una manera extraña, estaba tanto en torno a mí como dentro de mí, algo así como una luz o un calor. Me hallaba totalmente poseído por Alguien que no era yo y, sin embargo, sentía que yo era más yo que nunca. Me sentía lleno de una intensa felicidad, de un gozo casi insoportable, algo que nunca había sentido y que no vo...