20 de abril de 2026
Encontrar a Cristo. Hay un hombre frente a mí, Señor. Trato de verle, tal como es, por encima de mis simpatías o antipatías, por encima de mis opiniones o sus opiniones, por encima de mi conducta o su conducta. Trato de que sea, ante mis ojos, como él es, en realidad; sin forzarle a atacar o defenderse, o a practicar algún otro juego. Trato de respetarle como a un ser distinto de mí. No trato de hacerle prisionero ni de obligarle a estar a mi lado ni de hacer que venga tras de mí. Trato de aparecer pobre a sus miradas, para no aplastarlo ni humillarlo ni obligarle a estarme agradecido. Trato de hacer estas cosas, Señor, porque este hombre es único, y, por lo tanto, es rico con una riqueza que yo no poseo. Yo soy el pobre, Señor. Yo, el que estoy a su puerta, desnudo, despojado, para que, en su corazón, ¡oh Cristo resucitado!, pueda sorprender un gesto de tu rostro, que me sonría y me invite. Michel Quoíst Para imitar a Jesús, hemos de conv...