8 de mayo de 2026
Pagarle a Dios nuestra deuda. Un profesor, ya próximo a su jubilación, quiso comenzar el día lo mismo que lo había venido haciendo desde tiempo inmemorial. Se levantó temprano, acudió a la ventana, aspiró una bocanada de puro aire fresco, admiró el paisaje que brillaba a la luz del sol naciente, y exclamó: «Bien; Dios ya ha realizado su parte; ahora me toca a mí». Dicho esto, se halló dispuesto a enfrentarse alegremente a todas las aventuras que le pudiera traer el nuevo día, confiando que Dios seguiría estando con él, en todo momento y en todas las cosas. De él, por él, para él existe todo. A él la gloria por los siglos. Amén. Romanos 11, 36 Acostúmbrate, poco a poco, a orar durante todas tus ocupaciones diarias. Habla, muévete, trabaja en paz, como si estuvieras en oración. Hazlo todo sin afanes, dejándote mover por la gracia. En cuanto adviertas que te turba tu natural impetuosidad, retírate despacio a tu interior, donde está el Reino de Dios. Escucha los impulsos de la...