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17 de abril de 2026

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Identificación espiritual.  Un universitario acudió al empleado de la oficina para certificar su Tarjeta de identificación. El empleado miró el rostro bien afeitado y el pelo bien cortado de la foto y, después, al ver las melenas y bigotes del joven, le sugirió que presentara una foto más reciente. En menos de media hora, el estudiante volvió al mostrador. El empleado aceptó inmediatamente la fotografía. El estudiante volvía de la peluquería, con el pelo cortado y el bigote afeitado. ¿Cuál es tu imagen de Jesús Resucitado? Recuerda lo que antes hemos dicho acerca de la radical transformación de Jesús, después de su Resurrección, de manera que, hasta sus más íntimos tuvieron dificultades para reconocerlo. ¿Reconoces tú a Cristo en tus prójimos? Pídele a Dios una fe profunda para ver a Cristo Resucitado en tus prójimos, especialmente, en los más necesitados.  Podemos y debemos ver el rostro de Cristo en el rostro de cada ser humano; especialmente cuando se asemeja más a él por l...

16 de abril de 2026

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El flujo y reflujo de la vida.   En “El aperitivo”, de T.S. Elliot, Eduardo acaba de ser abandonado por su esposa Lavinia, pero el Huésped Incógnito le dice que hará que Lavinia regrese mañana. —Es un asunto muy serio volver a traer a alguien de entre los muertos. —¿De entre los muertos? Esa manera de hablar es un tanto... dramática. Si fue sólo ayer cuando me dejó mi esposa. —Bueno, pero es que nosotros nos morimos mutuamente todos los días. Lo que sabemos de los demás es sólo nuestro recuerdo de los momentos en los que los hemos conocido. Y, desde entonces, han cambiado. Pretender que ellos y nosotros somos los mismos es un convencionalismo social útil y conveniente que, muchas veces, falla. Hemos de tener también muy presente que, a cada encuentro, nos estamos encontrando con un extraño. —Entonces, yo también debo de ser un extraño. —Incluso para ti mismo...  Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Romanos 6, 8 Despedirse es morir   un poco; e...

15 de abril de 2026

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El fundamento de nuestra fe . “Al tercer día” es una de las últimas novelas publicadas por Piers Paul. Es la historia de un arqueólogo judío, Michal Dagan, que descubre, en Jerusalén, el esqueleto de un hombre del siglo I. El arqueólogo invita a su colega, el sacerdote católico P. John Lambert, a examinar el hallazgo y comprueba lo que sospechaba: que el cuerpo es el de Cristo. Pero, antes de que se hicieran públicas sus sospechas, encuentran al P. Lambert ahorcado en Londres, en el monasterio de la orden Simonita a la que pertenecía. ¿Se suicidó porque el descubrimiento había derribado su fe? La novela continúa para indagar este extremo... Un tema parecido se utiliza en el film “El mundo en tinieblas”, en el que un arqueólogo declara que, en la tumba de Cristo, ha hallado una momia del siglo l que responde exactamente a la descripción de Jesús. Los medios de comunicación difunden grandes titulares por el mundo entero, afirmando que la resurrección de Jesús fue un engaño. A resultas de...

14 de abril de 2026

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Renovar nuestra fe .  Judas le traicionó y Pedro le negó; los otros discípulos lo abandonaron y huyeron. Si hubiera estado allí, ¿habría sido yo más valiente, quedándome con mi Señor que estaba a punto de morir? Caifás maquinó, Herodes se burló, y Pilato lo condenó a colgar del madero. En su lugar, yo habría hecho lo mismo, sin pensar que él moría por mí. María no lo reconoció y Tomás dudó; Pablo arrastró a la cárcel a sus seguidores. ¿Cómo me enfrento yo al reto del Nuevo Testamento? ¿Podré tener éxito donde esos personajes fallaron? Jesús los perdonó: al ladrón de la cruz, a los soldados que lo mataron y a su amigo Pedro. Su amor no falló en este mundo negro de odio. Su amor acabó haciendo que volvieran a su lado. Han pasado dos mil Pascuas, como una sombra. Y esta es nuestra hora, en la historia de la fe. Jesús nos ama y nos llama con él. Con él, y sólo con él triunfaremos. June Chantry Cristo muestra una profunda preocupación y un gran interés personal por sus discípulos. A una...

13 de abril de 2026

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Saborear su presencia.  Sucedió en mi habitación, en la tarde del 1 de Febrero de 1913, cuando era estudiante en Cambridge. Si dijera que Cristo vino a mí, estaría diciendo una frase convencional sin especial significado, porque Cristo se presenta de diversas maneras, a los hombres y a las mujeres. Cuando trato de recordar la experiencia que tuve, suelo compararla con la visión legendaria del Santo Grial. Lo que a mí me ocurrió fue algo así. Sin embargo, no fue una visión sensible. Allí no había más que la habitación con su viejo mobiliario, el fuego ardiendo en la chimenea y la lámpara encendida sobre la mesa. Pero la habitación estaba llena de una Presencia que, de una manera extraña, estaba tanto en torno a mí como dentro de mí, algo así como una luz o un calor. Me hallaba totalmente poseído por Alguien que no era yo y, sin embargo, sentía que yo era más yo que nunca. Me sentía lleno de una intensa felicidad, de un gozo casi insoportable, algo que nunca había sentido y que no vo...

12 de abril de 2026

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Domingo II de Pascua.  Evangelio: Jn 20,19-31.  Tomás, uno de los Doce, les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».  Por designio del Papa Juan Pablo II, este domingo se llama Domingo de la Divina Misericordia es la manifestación amorosa de Dios en una historia herida por el pecado. “Misericordia” proviene de dos palabras: “Miseria” y “Cor”(Corazón). Dios pone nuestra mísera en su corazón de Padre, que es fiel a sus designios.  «Para redimir al esclavo ha sacrificado al Hijo», hemos proclamado en el Pregón pascual de la Vigilia. Y, una vez resucitado, lo ha constituido en fuente de salvación para todos los que creen en Él. Por la fe y la conversión acogemos el tesoro de la Divina Misericordia.  Y, mientras examinaba atentamente las lámparas, se dio cuenta de que a su lado había una figura alta, blanca, silenciosa, vestida de blanco, con un manto largo y su...

11 de abril de 2026

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  Ser testigos de su presencia.  Dos amigos alemanes, Alberto Durero y Franz Knigstein, luchaban para convertirse en artistas. Como apenas disponían de fondos para asistir a la universidad, decidieron que uno de ellos buscara un empleo y subvencionara al otro hasta que éste completara sus estudios. Entonces, éste último vendería sus cuadros para pagar la educación del otro. Echaron a suertes para decidir quién iría primero a la universidad. Durero fue a las clases y Knigstein se puso a trabajar. Durero resultó ser un genio. Después de haber ganado bastante dinero con la venta de sus cuadros, volvió para cumplir su parte en el trato. Sólo entonces comprobó, con dolor, el alto precio que había tenido que pagar su compañero. Los delicados y sensibles dedos de Knigstein habían quedado estropeados. Tuvo que abandonar su sueño artístico, pero no se arrepintió de ello, sino que se alegró del éxito de su amigo. Un día, Alberto sorprendió a Franz de rodillas y con sus nudosas manos ent...