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11 de mayo de 2026

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    Hallarle en su Palabra. El novelista ruso, Fedor Dostoievski, era joven cuando Rusia condenaba a la gente a las prisiones de Siberia. Resultó estar implicado en un complot contra el gobierno, por lo que fue arrestado y llevado ante el pelotón de fusilamiento. Sin embargo, en el último momento, el zar le perdonó la vida y lo condenó a cuatro años de prisión en Siberia. Ante la puerta de la prisión se encontró con las esposas de los deportados, una de las cuales puso en sus manos un libro y le susurró que lo leyera cuidadosamente. Al entrar en su celda, descubrió que era una Biblia. Hojeó sus páginas y, entre ellas, descubrió un billete de 25 rublos. Esto le procuraría algún alivio. Pero Dostoievski descubrió más que dinero. Al ser la Biblia el único libro que tenía, descubrió a Dios. Todos los libros que después escribió están llenos de la Buena Nueva. La palabra que sale de mi boca no regresa a mí vacía. Isaías 55, 11 ¿Hay algunas citas que te hayan inspirado especialmente...

10 de mayo de 2026

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    Hallarle dentro de nosotros.  «Tomé la lámpara y, dejando la zona de mis ocupaciones y mis relaciones diarias, donde todo parece estar claro, me introduje en lo más profundo de mí, en ese abismo del que siento que emana todo mi poder de actuar. Pero, según me alejaba, más y más, de las certezas convencionales que iluminan superficialmente la vida social, me daba cuenta de que iba perdiendo contacto conmigo mismo. A cada paso que bajaba, se revelaba dentro de mí una persona nueva de cuyo nombre no estaba seguro y que ya no me obedecía. Y, cuando tuve que detener mi exploración porque el camino desaparecía bajo mis pasos, encontré a mis pies un abismo sin fondo del que fluía —sin saber dónde manaba— la corriente a la que me atrevo a llamar: mi vida» Teilhard de Chardin. He venido para que tengáis vida; y la tengáis en abundancia. Juan 10, 10 Enfoca, en tu corazón —el centro de tu ser—, el «tesoro» de tu amor. Es el mayor don que Dios te ha hecho. Pon tu mano sobre tu co...

9 de mayo de 2026

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    Hallar a Dios en todo.  Hemos de convencernos de que un ser creador, nos guste o no, habita dentro de nosotros, y que tenemos que dejarle hacer; de lo contrario, no tendremos paz. Mary Richards  El Espíritu Creador sigue siempre vivo y activo en nosotros: aliviando, edificando, enriqueciendo. El Espíritu puede cambiar los corazones pétreos más duros y transformarlos en corazones de carne. El Espíritu puede "reparar" los corazones destrozados. El Espíritu puede reunir los corazones en una fructífera unidad. Entre hombre y hombre hay un abismo infinito que sólo Dios puede llenar (Tagore). Nuestro cometido de co-creadores es construir la creación, nosotros incluidos. Hemos de colaborar a establecer la paz, la justicia y la libertad, de forma que Dios pueda reinar, como soberano, en todos los corazones. El místico, no sólo experimenta la majestad divina dentro de sí, sino que se halla él mismo inmerso en la presencia divina que le rodea por fuera. Se siente como una ...

8 de mayo de 2026

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    Pagarle a Dios nuestra deuda. Un profesor, ya próximo a su jubilación, quiso comenzar el día lo mismo que lo había venido haciendo desde tiempo inmemorial. Se levantó temprano, acudió a la ventana, aspiró una bocanada de puro aire fresco, admiró el paisaje que brillaba a la luz del sol naciente, y exclamó: «Bien; Dios ya ha realizado su parte; ahora me toca a mí». Dicho esto, se halló dispuesto a enfrentarse alegremente a todas las aventuras que le pudiera traer el nuevo día, confiando que Dios seguiría estando con él, en todo momento y en todas las cosas. De él, por él, para él existe todo. A él la gloria por los siglos. Amén. Romanos 11, 36 Acostúmbrate, poco a poco, a orar durante todas tus ocupaciones diarias. Habla, muévete, trabaja en paz, como si estuvieras en oración. Hazlo todo sin afanes, dejándote mover por la gracia. En cuanto adviertas que te turba tu natural impetuosidad, retírate despacio a tu interior, donde está el Reino de Dios. Escucha los impulsos de la...

7 de mayo de 2026

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    Nuestra unidad “universal”. Cuando miramos una silla, vemos la madera, pero ya no vemos el árbol, el bosque, el carpintero o nuestra propia mente. Pero cuando meditamos sobre ella, podemos ver el universo entero en todo su entramado de relaciones interdepend¡entes con la silla. La presencia de la madera nos va revelando la presencia del árbol... Los que meditan pueden ver la unidad en la multiplicidad, y la multiplicidad en la unidad. Aun antes de ver la silla, pueden sentir su presencia en el corazón de la realidad viviente. La silla no es algo separado. Existe sólo en sus relaciones interdependientes con todo el resto del universo. Existe porque todas las demás cosas existen. Si no existe, entonces tampoco todas las demás cosas existen. Cada vez que usamos la palabra «silla» o formamos en nuestra mente el concepto «silla», la realidad se parte por la mitad. Está la «silla» y está todo lo demás que es «no-silla». Esta manera de separar es violenta y absurda. Funciona así ...

6 de mayo de 2026

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    El poder interior.  Aquí yacen, aquí puedo tomarlas, como si fueran un montón de arena, como ceniza pálida y oscura, praderas y jardines en mis manos. En este polvo sueñan muchas flores. En este grano yace una camelia que beberá en las aguas de un arroyo. De este polvo saldrán las azucenas aquí encerradas cual si fueran muertas. De estos granos saldrá un millón de rosas. Puedo soplar un parque con mi aliento, mientras un bosque duerme entre mis manos. La Tienda de las Semillas El que provee de semilla al sembrador y de pan para comer, proveerá y multiplicará vuestra semilla y hará crecer la cosecha de vuestra limosna. 2 Corintios 9, 10 Recuerda que el Reino de Dios es como una siembra de semillas: Marcos 4, 26-29. ¿Cuál es tu intervención? Toma, uno por uno, los pequeños talentos que posees. Deposítalos suavemente en la «tierra» de tu corazón. Mira cómo crecen: al principio, despacio, pero después se extienden y dan mucho fruto, con la gracia de Dios. La gente habla d...

5 de mayo de 2026

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Ser testigos del amor. En cierta ocasión, San Francisco de Asís invitó a un fraile joven a que le acompañara a la ciudad, para predicar. Se pusieron en camino y anduvieron por las principales calles de la ciudad. Varias personas se volvían hacia ellos para saludarles amistosamente. Devolvían el saludo con una inclinación, una sonrisa o unas palabras amables. De vez en cuando, se detenían para acariciar a un niño o para hablar con alguien. Durante todo el paseo, San Francisco y el fraile mantenían entre ellos una animada conversación. Después de haber callejeado durante un buen rato, el fraile joven pareció inquieto y le preguntó a San Francisco dónde y cuándo iban a comenzar su predicación. —Hemos estado predicando desde que atravesamos las puertas del convento –le replicó el santo–. ¿No has visto cómo la gente observaba nuestra alegría y se sentía consolada con nuestros saludos y sonrisas? ¿No han advertido lo alegres que conversábamos entre nosotros, durante todo el camino? Si estos ...