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13 de abril de 2026

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Saborear su presencia.  Sucedió en mi habitación, en la tarde del 1 de Febrero de 1913, cuando era estudiante en Cambridge. Si dijera que Cristo vino a mí, estaría diciendo una frase convencional sin especial significado, porque Cristo se presenta de diversas maneras, a los hombres y a las mujeres. Cuando trato de recordar la experiencia que tuve, suelo compararla con la visión legendaria del Santo Grial. Lo que a mí me ocurrió fue algo así. Sin embargo, no fue una visión sensible. Allí no había más que la habitación con su viejo mobiliario, el fuego ardiendo en la chimenea y la lámpara encendida sobre la mesa. Pero la habitación estaba llena de una Presencia que, de una manera extraña, estaba tanto en torno a mí como dentro de mí, algo así como una luz o un calor. Me hallaba totalmente poseído por Alguien que no era yo y, sin embargo, sentía que yo era más yo que nunca. Me sentía lleno de una intensa felicidad, de un gozo casi insoportable, algo que nunca había sentido y que no vo...

12 de abril de 2026

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Domingo II de Pascua.  Evangelio: Jn 20,19-31.  Tomás, uno de los Doce, les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».  Por designio del Papa Juan Pablo II, este domingo se llama Domingo de la Divina Misericordia es la manifestación amorosa de Dios en una historia herida por el pecado. “Misericordia” proviene de dos palabras: “Miseria” y “Cor”(Corazón). Dios pone nuestra mísera en su corazón de Padre, que es fiel a sus designios.  «Para redimir al esclavo ha sacrificado al Hijo», hemos proclamado en el Pregón pascual de la Vigilia. Y, una vez resucitado, lo ha constituido en fuente de salvación para todos los que creen en Él. Por la fe y la conversión acogemos el tesoro de la Divina Misericordia.  Y, mientras examinaba atentamente las lámparas, se dio cuenta de que a su lado había una figura alta, blanca, silenciosa, vestida de blanco, con un manto largo y su...

11 de abril de 2026

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  Ser testigos de su presencia.  Dos amigos alemanes, Alberto Durero y Franz Knigstein, luchaban para convertirse en artistas. Como apenas disponían de fondos para asistir a la universidad, decidieron que uno de ellos buscara un empleo y subvencionara al otro hasta que éste completara sus estudios. Entonces, éste último vendería sus cuadros para pagar la educación del otro. Echaron a suertes para decidir quién iría primero a la universidad. Durero fue a las clases y Knigstein se puso a trabajar. Durero resultó ser un genio. Después de haber ganado bastante dinero con la venta de sus cuadros, volvió para cumplir su parte en el trato. Sólo entonces comprobó, con dolor, el alto precio que había tenido que pagar su compañero. Los delicados y sensibles dedos de Knigstein habían quedado estropeados. Tuvo que abandonar su sueño artístico, pero no se arrepintió de ello, sino que se alegró del éxito de su amigo. Un día, Alberto sorprendió a Franz de rodillas y con sus nudosas manos ent...

10 de abril de 2026

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    El Señor «de incógnito».  Un sacerdote regresaba de sus vacaciones, en Irlanda, a su parroquia de Florida, cuando entabló conversación con un compañero de viaje muy especial. El caballero le preguntó al sacerdote en qué parroquia trabajaba y, cuando lo supo, expresó su deseo de asistir a la misa del sacerdote, el siguiente domingo por la mañana. Cuando el sacerdote le dijo que sería muy bien venido, el hombre le dijo que le gustaría cantar en la misa, si es que esto era posible u oportuno. —Lo siento –le dijo el sacerdote–, nuestro coro canta todos los domingos. —Lo comprendo perfectamente» –le dijo el hombre. Al aterrizar, en Florida, el sacerdote se vio sorprendido al ver mucho público y la presencia de los medios de comunicación. Quedó más sorprendido aún, al ver que trataban de abrirse paso hacia su genial compañero de viaje. —¿Quién es?» –preguntó. ¡Pavarotti!» –le dijeron. No se había dado cuenta de que, durante todo el viaje, había tenido el privilegio de estar...

9 de abril de 2026

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El aliento de la paz.   «Un hombre se hallaba lamentando la muerte de su hermano menor. Habría preferido que hubiera sido su vida, y no la de su hermano... Él ya sabía hasta dónde llegaban sus posibilidades, ya había comprobado sus talentos... pero, ¿su hermano? Aún no tenía 24 años. «El hermano mayor cayó en una depresión y empezó a padecer insomnios. Una noche... en la cocina... Se sentía vacío y deprimido, y se dijo: "Tal vez me ayude una taza de café". Fue a prepararla. Mientras lo hacía, sintió una presencia en la habitación. Miró hacia arriba, buscando la razón de aquella presencia. En aquel momento, sintió que su hermano estaba allí. Que su hermano le hablaba: "Todo está bien, Frank. Todo está bien, perfecto". «¿Qué fue lo que ocurrió? ¡Nadie lo sabe! Pero, desde ese momento se acabó la depresión. Se le quitó un gran peso de su espíritu, como si hubieran corrido la piedra de la entrada de la muerte, dejando que entraran los rayos del sol (William Breault, S.J...

8 de abril de 2026

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  ¡Despierta!  Escucha: el Maestro está cerca. ¡Despierta! ¡Despierta! Corre a sus pies. Está en pie junto a ti.  ¿Por qué no despiertas en esta mañana? ¡Despierta, amiga mía!  Ya terminó la noche. ¿Por qué quieres perder también el día? Otras mujeres, que han madrugado, han hallado  una piedra preciosa... Has perdido tantas cosas mientras dormías...  Kabir ¡Despierta, tú que duermes,  levántate de la muerte y te iluminará Cristo! Efesios 5, 14 Jesús se vuelve a ti y te pregunta qué has experimentado su ausencia. «¿Por qué lloras en el huerto? ¿A quien buscas?». «A mi amado.  Buscando al que estaba muerto lo encontré resucitado. Me quedé sola buscando, alas me daba el amor, y, cuando estaba llorando, vino a mi encuentro el Señor. Vi a Jesús resucitado, creí que era el jardinero; por mi nombre me ha llamado, no le conocí primero».  Julián Escobar. | Lecturas del Día (+ Leer ). | Evangelio y Meditación (+ Leer ) | | Santo del día (+ Leer ) | La...

7 de abril de 2026

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   Una gozosa experiencia.  «No hace mucho —nos contaba una madre de familia—, me desperté en medio de una noche de luna y me quedé mirando el perfil de mi único hijo, recortado sobre la pared de la alcoba. Me sentí embargada por un silencio amoroso, sólo interrumpido por su suave respiración. Finalmente, cerré mis ojos, comprendiendo profundamente lo fundamental que era aquel silencio, sólo acompañado por un suave respirar. Me había dado cuenta de lo profundo que es un silencio acunado por el amor.  María conservaba y meditaba todo en su interior. Lucas 2, 19 Sugerencias para la oración La fe de María no pereció al pie de la cruz. Ni quedó sepultada en la tumba de su hijo. Estaba viva en su corazón. Había recibido una promesa: «su reino no tendrá fin» (Lu-cas 1, 33). Al contrario que los demás discípulos, María no necesita la «prueba» de la Resurrección. «Dichosos los que crean sin haber visto» (Juan 20, 29) —había dicho Jesús—. María no necesita signos tangibles. P...