9 de marzo de 2025
A continuación, el Espíritu le empuja al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían
“¡Entre animales salvajes!”
En el desierto, le pasan dos cosas a Jesús: Es tentado por Satanás y vive entre animales salvajes. Pero también señala san Marcos que el “desierto” era el hogar donde nada le separaba a Jesús de Dios. Jesús buscaba la tranquilidad y el sosiego en el desierto.
Estamos necesitados de momentos de silencio, retirarnos a los lugares silenciosos de nuestro corazón y afrontar batallas. Si contamos con Cristo los animales salvajes no podrán con nosotros por feroces que sean.
Cuando se pueda decir en todos los países del mundo:
“Nuestros pobres viven felices;
entre ellos no hay ignorancia ni necesidad;
las cárceles están vacías de reclusos
y en nuestras calles no hay mendigos;
los ancianos no sufren penurias;
los impuestos no son insoportables…”
Cuando podamos decir todas estas cosas, entonces podremos estar orgullosos… de nosotros mismos porque habremos ayudado a Dios a devolver al mundo algo del Paraíso que Él creó.
- ¿Tienes miedo al silencio?
- ¿Haces oración diaria?
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