24 de febrero de 2026 Martes 1ª Semana de Cuaresma

Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, más líbranos del mal’.  Mt 6,7-15

Cuentan de un hombre que estaba arriba el tejado de su casa durante una inundación; el agua le llegaba a los pies, y pasó uno con una canoa y dijo:

-"He venido a salvarte!"

-"¡No!, dijo él, he rezado a mi Dios y Él me salvará".

-"Quieres que te lleve a un lugar más alto?"

-"No, gracias, tengo fe en Dios, a quien he rezado y él me salvará."

Un el altavoz le gritan:

-"¡Cógete a esta cuerda y te subiremos!"

Lo rechazó, después, moría ahogado; y cuanto se presentó ante Dios, le dijo:

Me abandonaste, Señor: ¿Por qué?".

El Señor le respondió: fuiste tú que no quisiste salvarte. Yo te envié una canoa, una lancha a motor y un helicóptero, ¿qué más querías?"

Bien, a veces no sabemos reconocer estas señales de Dios, y nos obsesionamos, nos ahogamos por un problema y la solución está a nuestro lado; buscamos una felicidad de maneras equivocadas, en lugar de disfrutar de lo que se nos da. El Señor nos escucha siempre, pero no siempre de la forma que le pedimos… A veces pedimos las grandes cosas, y Dios está en las pequeñas cosas, las que pasen hoy y ahora, cada día y a cada hora concreta, en cada momento... ahí nos da “el pan nuestro de cada día”

Julián Escobar.


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