27 de febrero de 2026 Viernes I Semana de Cuaresma
“Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda»” Mateo 5,20-26
No es posible tener odio al hermano y participar en la Eucaristía, sacramento del Amor. “Expulse el amor de la humildad el espíritu de la soberbia, fuente de todo pecado, y mitigue la mansedumbre a los que infla el orgullo. Los que con sus ofensas han exasperado los ánimos, reconciliados entre sí, busquen entrar en la unidad de la concordia. No volváis mal por mal, sino perdonaos mutuamente, como Cristo nos ha perdonado. Suprimid las enemistades humanas con la paz...” (San León Magno).
Dos hermanitos vestidos de forma harapienta, uno de cinco años y el otro de diez, iban pidiendo un poco de comida por las casas. Nadie les daba… hasta que una señora les dio una lata de leche. Se sentaron los dos en la acera. El más pequeño le dijo al de diez años: "tú eres el mayor, toma primero” ... y lo miraba relamiéndose. Se lleva la lata a la boca y simulando que bebía, apretaba los labios fuertemente para que no le entrase ni una sola gota de leche. Después decía al hermano: "Ahora es tu turno. Sólo un poquito." Y el hermanito, dando un trago exclamaba: "¡Está sabrosa!" "Ahora yo", dice el mayor. Y llevándose a la boca la latita, ya medio vacía, no bebía nada. "Ahora tú", "Ahora yo", "Ahora tú", "Ahora yo"... Y, después de varios tragos, el menor se acababa toda la leche... él solito. El mayor comenzó a cantar, a danzar, a jugar fútbol con la lata vacía de leche. Estaba radiante, con el estómago vacío, pero con el corazón rebosante de alegría. Podemos aprender una gran lección: "Quien da es más feliz que quien recibe." ¿Cómo podrías hoy encontrar un poco de esta "felicidad" y hacer la vida de alguien mejor, con más "gusto de ser vivida"?

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