16 de marzo de 2026 Lunes IV semana de Cuaresma
"Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre", le respondieron. El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: "Tu hijo vive". Y entonces creyó él y toda su familia. Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea” Juan 4,43-54.
Vete, tu hijo vive. Creyó el hombre en la palabra que le dijo Jesús y se fue... San Juan subraya que el hombre creyó en la palabra, sin poderla verificar... Se fue. No tenía ninguna prueba. Tenía solamente "la Palabra" de Jesús. Ante todas tus promesas, Señor, nos encontramos en la misma situación. Ante tu promesa esencial: la vida eterna, la redención total y definitiva, la victoria del amor, la supresión de todo llanto y de todo sufrimiento, la resurrección, la vida dichosa junto a Dios en la claridad... ante toda esta promesa ¡hay que creer en tu palabra! En la Fe, en el salto de la Fe, en la confianza ilimitada de la Fe. "A quién iremos, Señor, Tú tienes palabras de vida eterna".
1893. Un día, una buena muchacha que luego fue santa y era hija de santa Paula escribió una carta a san Agustín suplicándole que le dijese algo de los goces del cielo. Y el santo doctor respondió con estas solas palabras: «El alma, en el cielo, gozará de la exención de todos los males, de la posesión de todos los bienes y de la visión de Dios» He aquí todo: mucho en pocas palabras. Tres cosas, pues: ningún mal, todo bien y la vista de Dios.

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