23 de marzo de 2026 Lunes V Semana de Cuaresma
Encuentro de la miseria humana con la misericordia divina “Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: "Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida" Juan 8,1-11.
El dios del templo ya no es el Padre, sino que en el tesoro guardan lo que ganan en el mercado que han montado en el templo. Ha llegado el tiempo propicio para elegir entre la luz y la oscuridad, entre Dios y los poderes mundanos…Queremos seguir la verdad, vencer toda ignorancia. Disipar las tinieblas que nos envuelven como una nube, y contemplar al Dios verdadero y proclamar: “Bendita sea la luz verdadera.” (Clemente de Alejandría).
Las tinieblas quedan disipadas con la luz del Señor: el sentido del dolor, de la muerte y de la vida; el valor de la renuncia, de la entrega y del amor verdadero; el por qué es mejor perdonar, pensar en los demás, o servir sin esperar nada a cambio. Esto no lo entienden los que no le siguen, los que no tienen la Cruz por señal, ni el nombre de cristianos.
Cuentan que, estando reciente la revolución francesa, Reveillère Lépaux, uno de los jefes de la república, que había asistido al saqueo de iglesias y a la matanza de sacerdotes, se dijo a sí mismo: 'Ha llegado la hora de reemplazar a Cristo. Voy a fundar una religión enteramente nueva y de acuerdo con el progreso'. Pero no funcionó. Al cabo de unos meses, el «inventor» acudió desconsolado a Bonaparte, ya primer cónsul, y le dijo: –¿Lo creeréis, señor? Mi religión es preciosa, pero no arraiga entre el pueblo. Respondió Bonaparte: –Ciudadano colega, ¿tenéis seriamente la intención de hacer la competencia a Jesucristo? No hay más que un medio; haced lo que Él: haceos crucificar un viernes, y tratad de resucitar el domingo.
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