2 de abril de 2026 Jueves santo
“…y se puso a lavar los pies de los discípulos y… os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros»” Juan 13,1-15.
Jesús les lavó los pies dándonos un ejemplo de servicio. En la Última Cena, Jesús se quedó con nosotros en el pan y en el vino, nos dejó su cuerpo y su sangre. Es el jueves santo cuando instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio. Al terminar la última cena, Jesús se fue a orar, al Huerto de los Olivos. Ahí pasó toda la noche y después de mucho tiempo de oración, llegaron a prenderlo. Son los momentos en que sale de los muros de lo seguro y va a lo nuevo, a darnos nuestra libertad.
Benedicto XVI: lavar es imagen de los sacramentos que nos sumergen en “aguas del amor de Jesús: la vida y la muerte de Jesús, el bautismo y la penitencia, constituyen juntamente el lavatorio divino, que nos abre el camino de la libertad y nos permite acceder a la mesa de la vida”. Es el servicio a los demás de Jesús y del cristiano, un “sí” continuado. “De estos dos puntos se desprende una eclesiología y una ética cristianas. Aceptar el lavatorio de los pies significa tomar parte en la acción del Señor, compartirla nosotros mismos, dejarnos identificar con este acto. Aceptar esta tarea quiere decir: continuar el lavatorio, lavar con Cristo los pies sucios del mundo.
El amor universal no existe si no es también concreto, como señalaba Dovstojeski: “¿por qué será que cuanto más amo a la humanidad, más me fastidian los hombres?”

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