6 de abril de 2026
¡Alegraos! ¡Él vive!
La Resurrección de Jesús ha quedado simbólicamente reflejada en las vidas de sus discípulos. El Señor Resuci-tado entra en el «reducto» en el que se habían encerrado, después de la crucifixión: un reducto de oscuridad, incertidumbre, duda, desaliento, miedo y frustración. El reanima sus espíritus e infunde en ellos una nueva vida. Los llena de paz y gozo.
Jesús Resucitado ahora no oculta su divinidad, como lo había hecho durante su Pasión, sino que manifiesta sus cualidades divinas para que sus amigos las vean y las experimenten. Y no lo hace apareciendo como un ángel revestido de luz, sino sencillamente, como un maestro cariñoso, un amigo querido, un compañero de camino, un huésped amigable.
Libre de las limitaciones de su cuerpo físico, el Cristo Resucitado puede ir a donde le plazca. Observaremos cómo él se hace presente allí donde más le necesitan, para animar y consolar a sus discípulos. Es Cristo, el Consolador.
Pide la gracia de sentir alegría porque el Señor ha resucitado, y valor para ir por todo el mundo e irradiar tu alegría por medio de tu generoso servicio.
¡Has ganado, Señor, sabemos que has ganado!
Has triunfado sobre todo lo peor que hemos hecho, entre todos y cada uno por separado.
Ven a mí, gran Señor de la Vida, como llegas hasta todos tus amigos.
Envíame a consolar a los que sufren junto a mí. Ven, y envía a tus amigos a este mundo cotidiano, para que, llenos de esperanza, luchemos por el Reino de Dios.
Joseph Tetlow, S.J.

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