3er domingo Adviento . Homilía

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¡Estad alegres! 
San Pablo, que sabía mucho de sufrimientos, nos dice: “Estad siempre alegres”. “Siempre” no sólo en los momentos que las cosas salen como nosotros las hemos planificado. Pero, ¿tenemos motivos para la alegría? ¿Qué motivos tenemos? ¿No tiene suficientes motivos para la alegría un cristiano con saber que es un hijo amado de Dios?
- ¿Te alegras más por un premio de la lotería que por ser cristiano?
- ¿Te alegras más por la belleza de tu esposa que por la bondad de su corazón?
- ¿Te alegras más por el poder político, económico u otro, que por ser cristiano?
¿Según vivimos aquí en la tierra viviremos después en el Cielo? Si ahora, aquí en la tierra vivimos de espaldas a Dios, incluso negándolo o mofándonos de Él, ¿qué ocurrirá, si existe, cuando tengamos que presentarnos ante Él? Él nos dice que seamos Luz y amor, pero si vamos por la vida siendo cizaña y apagando la luz de su presencia, ¿qué alegaremos ante Él en nuestra defensa?
¡Sed testigos de la luz!” (Jn 1, 7).
¡Sed testigos de Cristo!
Si de verdad te consideras cristiano, ¿eres testigo de Cristo? ¿Llevas su luz, su manera de obrar, de tratar con las personas, como Él lo hacía?
San Juan Bautista invitaba a buscar a Dios, a enderezar la vida si se vive torcida, a descubrir al Mesías (Cristo) en medio de nuestra sociedad, y luego a “ser testigos” de todo ello. ¡Testigos alegres, dinámicos y contagiosos!
En este domingo que san Pablo nos invita a “estar siempre alegres”, sería muy, muy bueno que le pidiéramos a Dios perdón por:
- Vivir nuestra fe con timidez
- Ser cristianos sólo de Domingo
- Buscar nuestra voluntad en vez de la de Dios
- Criticar a la Iglesia cuerpo de Cristo
- Decir lo que hay que hacer y no hacerlo nosotros.
Se quejaba una señora:
Mi marido se queja de todo, lo critica todo, pero él no hace nada por mejorar los defectos, y manías que tiene, y si en alguna ocasión se lo dijo, se pone como un energúmeno. ¡Creo que somos lo que criticamos!
Es fácil soñar que vamos a cambiar el mundo, pero ¿podemos cambiar el mundo sin cambiar nosotros, siendo cascarrabias, criticones, nada respetuosos? No nos causamos de decir qué hay que hacer para hermosear la convivencia, pero ¿qué hacemos cada uno de nosotros para que así sea?
La alegría que brota de la fe y del amor es un magnífico comienzo.
Julián Escobar.

Si lo prefiere puede descargar las homilías de d. Julián en formato PDF o DOC.

Otro blog del autor: www.sendasparaelcorazon.org

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