19 de noviembre de 2018 Lc 18, 35-43 ¡Jesús, ten compasión de mí!

La caridad comienza dándonos cuenta de cuando una persona se encuentra en dificultad y ayudarle sin humillarla.
Jesús se dirige hacia Jerusalén, hacia su muerte, y aún así atiende a este hombre ciego, y el ciego le grita: “¡haz que yo vea!”. Y el hombre recobró la vista. Todos los cristianos tenemos que tener una predisposición a hacer el bien, por adversas que sean nuestras circunstancias. Dios nos habla a través de las cosas pequeñas que hacemos y nos hacen. Todos somos ciegos que necesitamos decirle a Cristo que queremos ver, y todos estamos necesitados de ayudar a los demás a que ven a Cristo.
Julián Escobar.


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