15 de marzo de 2019. Para curar y salvar

Mateo 5, 20-26 Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.

Mientras san Juan Crisóstomo estaba celebrando en la catedral de Constantinopla, entró corriendo en el templo un hombre que se abrazó a la piedra del altar; se trataba de Eutropio, perseguidor de los cristianos, que acababa de perder el favor del emperador y, viéndose perdido, buscó el asilo de la Iglesia.
Los cristianos que llenaban la catedral reconocieron en seguida, a su enemigo. Pero san Juan Crisóstomo dijo: «Todo lo que está junto al altar es de Cristo y, por lo tanto, inmune de las persecuciones de los emperadores. Así pues, Eutropio, que se ha abrazado al altar, queda libre de la persecución del emperador.» Y concedió a aquel antiguo enemigo el derecho de asilo. La Iglesia no la fundó Cristo para perseguir y condenar, sino para curar y salvar.
- ¿Persigue o condena usted de palabra u obra a los demás?
- ¿Acoge o rechaza usted a quienes le caen mal?

Julián Escobar.


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