28 de marzo de 2019. No me arrodillo ante nadie

Lucas 11, 14-23 En aquel tiempo, Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron. Pero algunos de ellos dijeron: Por Belcebú, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios. Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. 

A muchos les ha sucedido lo que, a Thiers, ministro de Luis Felipe, rey de Francia, que durante su estancia en Roma pidió audiencia al Papa, pero poniendo como condición que, siendo él protestante, no tuviera que arrodillarse ante el pontífice y besarle la mano.
Cuando se enteró de ello Gregorio XVI, contestó sonriendo:
- Haga Thiers lo que le plazca.
Entró el ministro y, al encontrarse, delante del Papa, sintió que se apoderaba de su alma un fuerte sentimiento indefinido; se arrodilló ante él y le besó el pie. El Papa le preguntó con dulzura:
- Señor ministro, ¿acaso tropezó usted con algo?
- Realmente, todos tropezamos con la grandeza del papado contestó con ingenio el político francés.
¿Qué valor le concede usted al papado?

Julián Escobar.


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