18 de mayo de 2019 El cálido resplandor del amor.

«Jesús le dijo: “Hace tanto tiempo que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? ».
Hay una anécdota acerca del padre de una de las grandes poetisas americanas, Emily Dickinson. Cierta tarde, a la hora de la cena, comenzó la campana a tocar a fuego. La gente salió corriendo de sus casas, muchos de ellos llevando aún en sus manos los cubiertos de la cena, y mirando en torno para ver dónde estaba el fuego.
Junto a la campana estaba el señor Dickinson. Vio que era un bellísimo atardecer y no quiso que sus vecinos se lo perdieran. Y tocó a fuego para que ellos lo contemplaran antes de que fuera demasiado tarde.
La mayor parte regresaron a sus casas meneando SUS cabezas y diciendo: «Este Dickinson está más loco que un cencerro».
Toda dádiva buena y todo don perfecto baja del cielo, del Padre de los astros. Santiago 1, 17
Imagina qué pasaría si un día no saliera el sol. ¿Y si no hubiera sol?
Reflexiona sobre la bondad y presencia de Dios en el don que nos hace del sol. «El Señor pone el sol para iluminar el día, y la luna y las estrellas para iluminar la noche» (Jeremías 31, 35).
Medita sobre el amor incondicional de Dios. «Vuestro Padre del cielo hace salir su sol sobre malos y buenos» (Mt 5, 45).
Considera que Dios está presente en todos y en todas las cosas, siempre dando vida. Recibe la cálida caricia del amor de Dios.
Julián Escobar.


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