9 de mayo de 2019 Servicio de difusión.

«...Y el pan que Yo daré es mi carne para la vida del mundo».
Jesús subió al «cielo». Imagínate cómo entra Jesús en el cielo. Todos los ángeles forman el comité de recepción. Quedan espantados al ver las heridas de sus manos y pies. Sintiéndose preocupados de que todo el trabajo de Jesús en la tierra y todos los sufrimientos que pasó puedan resultar inútiles ahora que él no está allí, el arcángel Gabriel le dice a Cristo:
—Señor, ¿estás seguro de que toda la gente del mundo es consciente de que sufriste la Pasión por el gran amor que tienes hacia toda la humanidad?
—Bueno –le respondió Cristo–, por ahora sólo un pequeño grupo de mis discípulos conoce mis sufrimientos y misión. Estoy seguro de que ellos se lo comunicarán a los demás.
—No funcionará –protestó Gabriel–. Después de todo, los seres humanos son muy débiles y poco serios. Para la mayor parte de ellos, lo que no ven no lo creen. Las generaciones venideras comenzarán a dudar de ti, incluso te olvidarán. Es demasiado arriesgado fiarse solamente de un puñado de hombres y mujeres que ahora parecen estar muy entusiasmados. ¿No crees que, por si acaso, sería necesario tener un plan de reserva?
—Ya lo había pensado –respondió Jesús–, pero he decidido que no. Tengo fe en los que me quieren. Cuento con ellos para difundir la Buena Nueva de generación en generación, hasta el fin de los tiempos.
¿Puede contar totalmente contigo para difundir la Buena Nueva?
El momento en que nos damos cuenta
de que no somos
más que instrumentos de Dios,
es un bello momento. Arzobispo Oscar Romero
Julián Escobar.


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