21 de junio de 2019. Santo Tomás Moro.

Nació en Londres el 7 de febrero de 1478 y fue decapitado en la misma el 6 de julio de 1535. Fue teólogo, político, humanista y poeta etc. Fue canciller del rey Enrique VIII. Su obra más importante fue “Utopía”. Rechazó el protestantismo y a Lutero. Fue canonizado en 1935 en Roma por el Papa Pío XI. Enrique VIII lo acusó de traición por oponerse al divorcio del rey con la reina Catalina de Aragón y no aceptar el juramento antipapista de la que surgió la iglesia anglicana. La iglesia anglicana lo considera un mártir de la Reforma protestante incluyéndolo, en 1980, en su lista de santos y héroes cristianos, cuando la Iglesia Católica lo había beatificado en 1886 y canonizado en 1935.

Dios Glorioso, dame gracia para enmendar mi vida y tener presente mi fin sin eludir la muerte, pues para quienes mueren en Ti, buen Señor, la muerte es la puerta a una vida de riqueza.
Y dame, buen Señor, una mente humilde, modesta, calma, pacífica, paciente, caritativa, amable, tierna y compasiva en todas mis obras, en todas mis palabras y en todos mis pensamientos, para tener el sabor de tu santo y bendito espíritu.
Dame buen Señor, una fe plena, una esperanza firme y una caridad ferviente, un amor a Ti, muy por encima de mi amor por mí.
Dame, buen Señor, el deseo de estar contigo, de no evitar las calamidades de este mundo, no tanto por alcanzar las alegrías del cielo como simplemente por amor a Ti.
Y dame, buen Señor, Tu amor y Tu favor; que mi amor a TI, por grande que pueda ser, no podría merecerlo si no fuera por tu gran bondad. Buen Señor, dame Tu gracia para trabajar por estas cosas que te pido. Amén.


Concédeme, Señor, una buena digestión,
y también algo que digerir.
Concédeme la salud del cuerpo,
con el buen humor necesario para mantenerla.
Dame, Señor, un alma santa que sepa aprovechar
lo que es bueno y puro, para que no se asuste ante
el pecado, sino que encuentre el modo de poner
las cosas de nuevo en orden.
Concédeme un alma que no conozca el aburrimiento,
las murmuraciones, los suspiros y los lamentos y no
permitas que sufra excesivamente por ese ser tan
dominante que se llama: YO.
Dame, Señor, el sentido del humor.
Concédeme la gracia de comprender las bromas,
para que conozca en la vida un poco de alegría y
pueda comunicársela a los demás.
Así sea.
Julián Escobar.


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