30 de junio de 2019

“Tomad, por ejemplo, un vestido de púrpura: el tinte original no puede quitarse”. Así, las ramas jóvenes de los árboles pueden fácilmente ser dobladas, corregidas, pero no cuando están crecidas. Por esto cuando notes que en tu corazón brota un deseo, una inclinación, un instinto no bueno, corrígelo enseguida, si lo dejas crecer o que coja fuerza te dominará, él te doblegará a ti.
Jesús Resucitado te ofrece su fuerza, su gracia y su presencia para que aprendas a ser tu dueño y no esclavo de tus caprichos. Jesús te ofrece su luz y su fuerza para que la pongas en tu mente y en tu corazón.
Si dejas que en tu mente y en tu corazón crezcan ramas torcidas, serás un ciego del amor. Decía San Agustín: “Tengo miedo cuando pasa el Señor. Porque tengo miedo de que pase y no me dé cuenta”. ¿No les sucedió algo parecido a los discípulos de Emaús?
Julián Escobar.


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