6 de junio de 2019 El Reino del Amor.

En cierta ocasión, un predicador comparó los 52 domingos del año litúrgico a una baraja, cuyos naipes llevaban, cada uno, un mensaje particular. El último domingo, fiesta de Cristo Rey, sacamos la última carta: el rey de corazones.
Jesús no es el rey de bastos. Estos son garrotes que simbolizan violencia, opresión y poder. Jesús tampoco es el rey de espadas. Las espadas significan guerra, sangre y muerte. Jesús tampoco es el rey de oros. El rechazó los tesoros de este mundo. «Yo soy rey —nos dijo—, pero mi reino no es de este mundo». Escogió la pobreza, para enriquecer a sus discípulos con los bienes del Espíritu. Jesús es el rey de corazones, porque su Reino es un reino de amor.
Cristo os dejó un ejemplo, para que sigáis sus huellas. 1 Pedro 2,21
Seguir a Jesús significa hacerse «pobre de espíritu». Lo cual puede incluir (en mayor o menor medida) el dejar comodidades, facilidades, determinadas relaciones y estos o aquellos intereses.
El Reino proclamado por Jesús es opuesto al reino de Satanás (las estructuras diabólicas de este mundo). El de Cristo es un Reino de Amor.
1 Corintios 15, 20-28. Allí se explica cómo Dios acabará poniendo a los pies de Cristo todos los principados, autoridades y poderes. Es una revolución que tendrá lugar gracias a la acción de Cristo.
Ora con las palabras del Salmo 145.
¿Has recibido algún don?
Pásalo a los demás.
No te lo dieron sólo para ti.
Pásalo a los demás. Henry Burton
Julián Escobar.


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