7 de agosto de 2019

Los antiguos romanos tenían una costumbre interesante. Cuando los azares de la vida separaban a dos amigos, rompían una pieza de barro cocido, la llamada tessera, y si al cabo de largos años volvían los amigos a encontrarse, sacaban los trozos de barro cocido, cuidadosamente guardados y se reconocían gracias a los fragmentos, que encajaban de un modo perfecto.
Dios te ha dado la mitad de una “tessera” divina. Un día te encontrarás con Él. ¿Guardas en buen estado tu mitad de la tessera? ¿Encajará bien en la que guarda Dios o la habrás perdido o deteriorado de tal manera que será irreconocible?
Julián Escobar.


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