1 de septiembre de 2019

¿Conoces ya la ley de la cristalización? Entonces sabrás que si en un líquido saturado, en que hay diferentes materias diluidas y las moléculas están entremezcladas, ponemos un pequeño cristal, de éste emana una misteriosa fuerza de atracción y, lentamente, va atrayendo todas las moléculas que tengan la misma naturaleza que el cristal. El cristal se hace cada vez mayor, y si nada estorba durante algunos meses ese lento proceso de cristalización, se convertirá en magnífico cristal el pequeño trozo allí colocado. Pero: ¡si en la cristalización no hubo estorbo! De lo contrario, si no existe la tranquilidad adecuada, se formarán unos cristales contrahechos. Algo así ocurre con la cristalización del alma. ¿Absorbes tú el Evangelio o le pones estorbos?
Julián Escobar.


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