17 de noviembre de 2019

No viva intentando causar sorpresa en los demás, sorpréndase a sí mismo haciendo de su corazón un banco de reposo de sus seres queridos.
Un matrimonio iba por la calle distraído, el conductor de una furgoneta tuvo que frenar brúscamente para no atropellarlos. Bajó de la furgoneta y comenzó a gritar e insultar...
El marido pidió perdón, pero el conductor seguía furioso.
Entonces el marido se acercó al conductor y con cara de asombro y admiración le empezó a decir: ¡Qué voz tan armoniosa! ¡Qué voz! Tenía que haber sido cantante o recitador de poemas. ¡Dios mío, qué voz tan agradable!
El conductor, sorprendido, fue aminorando los insultos empezó a decirle al marido: “Usted es un loco o se está burlando de mí”
El marido alargó la mano para despedirse al tiempo que decía: “¡Doy gracias a los dioses que me han otorgado escuchar una voz tan plácida a mis oídos!”
Y es que a veces, cuando lo habitual no funciona, hay que lograr captar la atención del otro con sorpresa, y a ser posible con una sonrisa.
¿Somos sonrisa de Dios para los demás? ¿Sorprendemos para bien? ¿Ayudamos a ver las cosas de manera distinta, a romper "nuestras neuras"?
Julián Escobar.


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