30 de marzo de 2020

Evangelio (Jn 8,1-11) 
Vete, y en adelante no peques más. 
Hoy vemos en el Evangelio el rostro misericordioso de Jesús. Dios es Amor, y Amor que perdona, Amor que se compadece de nuestras flaquezas, Amor que salva. Los maestros de la Ley de Moisés y los fariseos «le llevan una mujer sorprendida en adulterio» (Jn 8,4) y piden al Señor: «¿Tú qué dices?» (Jn 8,5). Jesús aprovecha esta ocasión para manifestar que Él ha venido a buscar a los pecadores, a levantar a los caídos, a llamarlos a la conversión. Y éste es el mensaje de la Cuaresma para nosotros, ya que todos somos pecadores y todos necesitamos de la gracia salvadora de Dios. Quien ama no ofende. Quien se sabe amado y perdonado, vuelve amor por Amor: «Preguntaron al Amigo cuál era la fuente del amor. Respondió que aquella donde el Amado nos ha lavado nuestras culpas» (Ramon Llull). Por esto, el sentido de la conversión y de la penitencia propias de la Cuaresma es ponernos cara a cara ante Dios, mirar a los ojos del Señor en la Cruz, acudir a manifestarle personalmente nuestros pecados en el sacramento de la Penitencia. Y como a la mujer del Evangelio, Jesús nos dirá: «Tampoco yo te condeno... En adelante no peques más» (Jn 8,11).
Santa María Micaela, fundadora de las adoratrices, a las cuatro y media de la tarde, donde quiera que se hallase solía oír cantar a los ángeles el Trisagio. De aquí nació la costumbre que tienen las Adoratrices de rezar el trisagio a esa hora. (Aguilar. Vida del P. Claret.)
Piensa que tienes dos orejas y una boca, 
para que escuches el doble de lo que hablas.
Julián Escobar.


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