5 de marzo de 2020

Evangelio (Mt 7,7-12) 
«Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Mt 7,7), nos dice Jesús y nos habla de la necesidad y del poder de la oración. Los cristianos nos encontramos en un camino de peregrinaje, pero la oración nos acerca a Dios, y nos anticipa ya las delicias del cielo.  Por tanto, no podemos pedir en la oración cualquier cosa, sino aquello que sea realmente un bien. San Jerónimo: «Es cierto que Dios da a quien se lo pide, que quien busca encuentra, y a quien llama le abren: se ve claramente que aquel que no ha recibido, que no ha encontrado, ni tampoco le han abierto, es porque no ha pedido bien, no ha buscado bien, ni ha llamado bien a la puerta». 
 Él se acercó y me dijo:
- ¿Cómo te llamas?, le pregunté:
- Antonio
- Y ¿qué haces por aquí a estas horas?
- Estoy recogiendo del campo las flores que mañana iré a vender por las calles de la ciudad
- ¿Y eres feliz con este trabajo?
Muy feliz. Como ves, tengo bellas flores. Y cada una de ellas tiene la bendición de Dios, pues al recogerlas le pido al buen Dios que bendiga a quienes me las compren. Y todas llevan la sonrisa y el amor de Dios. Cada mañana, cuando me levanto, me digo a mí mismo: Hoy quiero hacer más felices a mis hermanos. Quiero repartir flores de alegría, de amor, de pureza, de caridad y de paz. Flores que alegren sus vidas y los hagan un poco más felices. Por eso, le pido a Dios su bendición para que se cumplan mis deseos y todos sean más felices.
¿Quieres tú repartir flores espirituales a mis semejantes?
Julián Escobar.


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