Homilía Domingo 5 Cuaresma.

Jn 11, 1-45
“Lázaro, ven fuera”
El amor es vida. El odio muerte. La esencia del pecado es el odio, lo contrario del amor, y su destrucción. ¿Por qué lo que antes se amaba se puede terminar odiando? Porque no se amaba, era pura pasión. La pasión empuja al hombre a apropiarse de algo o de alguien, pero cuando se sacia desea que, lo que ha deseado con tanta furia, ya no exista. ¡El amor es vida, es carencia de odio, carencia de muerte! Jesús es el amor de Dios, es Dios que nos ama y su amor es vida eterna.
Sabemos que la palabra “cementerio” significa lugar de descanso, dormitorio. ¡Duermen el sueño de los justos! Fíjense lo que dice san Pablo: “Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo ha preparado Dios para los que le aman” (1 Cor 2,9). ¿Qué nos ha preparado Dios? ¡La vida eterna! Por eso, Jesús, nos dice: “Yo soy la resurrección y la vida”.
¿Cuántos cristianos creen en la Resurrección? Sí creen que Cristo resucitó, pero dudan de que todos resucitaremos. Por eso por doquier decimos o escuchamos: “No quiero morir, como en la casa de uno no se está en ningún sitio”, o “de allí no ha venido nadie a decirnos cómo es aquello”, o “yo le digo a Dios que no tenga prisa en llevarme, que aquí estoy bien”. Creemos, o decimos que creemos en el Cielo y en la Resurrección, pero muy pocos quieren pasar por la muerte para recibir el abrazo del Buen Dios.
Massadá es un símbolo para los judíos. Sus ruinas están al oeste del Mar Muerto, a 441 m sobre el nivel del mar. Herodes el Grande hizo levantar allí una fortaleza que fue el último reducto de resistencia de los judíos en la guerra contra los romanos. Allí, un millar de judíos se sacrificaron para no caer en manos de la X legión romana. En 1963-65 se realizaron unas excavaciones y encontraron entre las ruinas de una casa de oración, un pergamino, un texto de Ezequiel que dice: “yo mismo abriré vuestros sepulcros y os haré salir de vuestros sepulcros… Sabéis que yo soy el Señor”.
Jesús, que lloró la muerte de su amigo Lázaro, le vemos, Él mismo, con su palabra, abrir el sepulcro de Lázaro y devolverle la vida.
Jesús mismo abrirá nuestros ojos e infundirá nueva vida a nuestros cuerpos. ¡Y no es ciencia ficción!
Julián Escobar.

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