18 de abril de 2020 Sábado de la octava de Pascua

Evangelio: Mc 16,9-15.
Estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón.

Los discípulos tenían ante sí el anuncio inédito de la Resurrección y, en cambio, prefieren continuar compadeciéndose de ellos mismos. Hemos pecado, ¡sí! Le hemos traicionado, ¡sí! Le hemos celebrado una especie de exequias paganas, ¡sí! De ahora en adelante, que no sea más así: después de habernos golpeado el pecho, lancémonos a los pies, con la cabeza bien alta mirando arriba, y... ¡adelante!, ¡en marcha tras Él!, siguiendo su ritmo. Ha dicho sabiamente el escritor francés Gustave Flaubert: «Creo que si mirásemos sin parar al cielo, acabaríamos teniendo alas». El hombre, que estaba inmerso en el pecado, en la ignorancia y en la tibieza, desde hoy y para siempre ha de saber que, gracias a la Resurrección de Cristo, «se encuentra como inmerso en la luz del mediodía».

CONSEJOS DE UN MAESTRO
Cuentan que un discípulo cuyo matrimonio estaba atravesando una gran crisis acudió a su Maestro para pedirle consejo.
Éste le dijo: “Tienes que aprender a escuchar a tu esposa”.
El hombre se tomó con mucha seriedad el consejo y al cabo de un mes volvió a ver a su Maestro y le dijo que había aprendido a escuchar cada palabra que su mujer decía. Muy bien, le dijo el Maestro con una sonrisa.
“Ahora vuelve a casa y escucha cada palabra que no dice”.
El ajetreo de la vida, sus problemas y torturas nos ahogan con palabras de todo tipo.
Los silencios y en el silencio conocemos también a Dios y a las personas.
¿Te cuesta creer en Cristo y crees en cualquier cosa?
Julián Escobar.


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