30 de abril de 2020

Evangelio (Jn 6,44-51
Jesús dijo a la gente: «(…)  Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre;  y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo». 

Hoy, las palabras de Jesús revelan cómo podemos "alimentarnos" de Dios y vivir de  Él: Dios se hace "pan" para nosotros, ante todo, en la encarnación del Logos (la  Imagen de Dios, el Hijo de Dios). ¡La Palabra se ha hecho Carne! El Logos se hace  uno de nosotros y entra así en nuestro ámbito, en aquello que nos resulta  accesible.    Pero por encima de la encarnación de la Palabra, es necesario todavía un paso más,  que Jesús menciona en las palabras finales de su sermón: su carne es vida "para"  el mundo (cf. 6,51). Con esto se alude, más allá del acto de la encarnación, al  objetivo interior y a su última realización: la entrega que Jesús hace de sí mismo  hasta la muerte y el misterio de la Cruz.  —Jesús se hace hombre para entregarse y ocupar el lugar del sacrificio de los  animales, que sólo podían ser el gesto de un anhelo, pero no una respuesta. En  definitiva, el Pan contiene el misterio de la pasión.

VÍCTOR HUGO: “Decís que el alma no es más que la expresión de las fuerzas corporales; pero entonces ¿cómo es que mi alma se vuelve más resplandeciente a medida que mis fuerzas corporales están ya para abandonarme?”.
Julián Escobar.


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