19 de mayo de 2020

Martes VI de Pascua
Evangelio (Jn 16,5-11)
Porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: y cuando Él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí... 
¿Cómo puede irse y quedarse al mismo tiempo? Este misterio lo explicó el Papa Benedicto XVI: «Y, dado que Dios abraza y sostiene a todo el cosmos, la Ascensión del Señor significa que Cristo no se ha alejado de nosotros, sino que ahora, gracias al hecho de estar con el Padre, está cerca de cada uno de nosotros, para siempre». Nuestra esperanza se halla en Jesucristo. Nada puede separarnos del amor de Dios. Nada puede disminuir nuestra esperanza. Las negativas del mundo no pueden destruir lo positivo de Jesucristo. El mundo imperfecto en el que vivimos, un mundo donde sufren los inocentes, puede conducirnos al pesimismo. Pero Jesucristo nos ha transformado en eternos optimistas.

Recordemos la respuesta que dio SÓCRATES poco antes de morir, cuando su amigo Critón le preguntó: “¿Dinos cuál es tu último deseo? ¿Tienes alguna disposición con respecto de tu entierro?” “¿Qué queréis? —contestó Sócrates—, ¿Pensáis sepultarme a mí? Podréis enterrar mi cuerpo... más a mí no podréis enterrarme.”
¿Te gusta ser el protagonista en todo momento y circunstancia?
Julián Escobar.


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