17 de noviembre de 2020

La niña había nacido nada menos que en la Giralda, y por la devoción que Bárbara profesó al santo rosario desde pequeña mereció la vocación religiosa y fue admitida en el real monasterio de la madre de Dios, de la orden de santo Domingo. Sufría ella en el silencio por los pecados ajenos, pero sabía ser a la vez alegre y jovial.

Quedaron de Sor Bárbara algunos documentos espirituales: resumen de ellos es las siguientes páginas, dignas de una antología de nuestros místicos: “Es preciso aborrecerse a sí misma para amarse bien. Es preciso cegarse para ver mejor. Es preciso renunciar a las riquezas para ser rico. Es preciso padecer para no padecer. Es preciso hacerse guerra para vivir en paz. Es preciso grabar en si la imagen de Cristo crucificado para traer el carácter de Cristo crucificado.

A su muerte se dijo: “Su alma no solo será de las que, vestidas de blanco, siguen al cordero adondequiera que va, sino que se habrá presentado a las nupcias eternas con la estola de la inocencia bautismal sin haberla manchado nunca”.

Julián Escobar.


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