1 de diciembre de 2020

Quienes viven donde millones de criaturas se encuentran sometidas a condiciones, viéndose prácticamente reducidas a esclavitud, deberán estar muy sordos para no escuchar el clamor de los oprimidos. Y el clamor de los oprimidos es la voz de Dios.

Todo aquel que resida en los países ricos, donde desde siempre y todavía siguen pululando aquí y allá una zonas grises de subdesarrollo y de miseria, le bastará con que sepa escuchar un poco, para ensordecerse con el clamor de los sin voz y de los sin esperanza. Y el clamor de los sin voz y sin esperanza es la voz de Dios.

Quien haya caído, por fin, en la cuenta de las muchísimas injusticias, consecuencia de la tan desigual repartición de las riquezas, deberá tener un corazón de piedra para no captar la propuesta silenciosa o violenta, no hace al caso, de los pobres. Y la propuesta de los pobres es la voz de Dios.

- ¿Ves a Dios en los que lloran?

- ¿Te haces el sordo ante el clamor de los pobres?

Julián Escobar.


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