16 de diciembre de 2020

Si Cristo Mañana Llamase A Tu Puerta

Si Cristo mañana llamase a tu puerta, ¿lo reconocerías?

Será, como entonces, un hombre pobre, ciertamente un hombre solo.

Será, sin duda, un obrero, quizá, un desempleado, o, incluso, si la huelga es justa, un huelguista.

O tal vez irá ofreciendo pólizas de seguros o aspiradores...

Subirá escaleras y más escaleras, se detendrá sin fin piso tras piso, con una sonrisa maravillosa en su rostro triste...

Pero tu puerta es tan sombría...

Además, nadie descubre la sonrisa de las personas que no quiere recibir.

“No me interesas”, dirás antes de escucharle.

O bien la criada repetirá como una canción: “La señora tiene sus pobres”, y de golpe cerrará la puerta ante el semblante del Pobre, que es el Salvador.

Será quizás un prófugo, uno de los quince millones de prófugos con pasaporte de la ONU; uno de ésos que a nadie interesan y que van errantes, errantes por este desierto del mundo; uno de ésos que deben morir, “porque, a fin de cuentas, no se sabe de dónde vienen las personas de tal calaña...”

O quizá también, en América, un negro, un triste negro, cansado de mendigar un hueco en los hoteles de Nueva York, como entonces, en Belén, la Virgen Nuestra Señora...

Si Cristo mañana llamase a tu puerta, ¿lo reconocerías?

Raoul Follereau. “Si Cristo mañana...”, p. 11

Julián Escobar.


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