27 de noviembre de 2022

27 nov. 1er dom Adviento. Mt 24, 37-44

Hazte consciente de que Cristo te está mirando y te está amando. Acoge esta presencia con unas pocas palabras amables con las que le digas a Dios lo alegre que estás de hallarte en su presencia, mientras le pides su gracia para actuar generosamente durante todo el día.

Dile:

Oh Dios, te doy gracias por este rato de oración en el que soy consciente de tu presencia, mientras te presento mis deseos, mis esperanzas y mi gratitud.

Esta conciencia, esta profunda certeza de tu presencia es mi mayor bendición. Mi vida estaría vacía si no la tuviera, si te hubiera perdido en el laberinto de este mundo, si no me volviera a Ti, de cuando en cuando, para unirme a Ti y sentir la certeza de tu existencia y de tu amor.

Es bueno que estés conmigo en todas mis dificultades y tribulaciones, y que yo tenga en Ti un amigo cuya ayuda es segura y cuyo amor nunca me falla.

Cuando concluyas la oración, hazlo con el Padrenuestro. Esta oración nos la enseñó el que ahora tienes ante Ti en el Sagrario. Mantén en tu mente estas tres breves frases del Padrenuestro: Santificado sea tu Nombre. Venga a nosotros tu Reino. Hágase tu voluntad.

«No penséis que, si disponéis de mucho tiempo, habríais de emplearlo todo en la oración. ¡Quitad esa idea de la cabeza! Que, muchas veces, Dios da más en un momento que en un largo período de tiempo, porque sus acciones no están medidas por el tiempo» (Santa Teresa de Jesús).

¿Te sientes mirado y amado por Dios a lo largo del día?

¿Notan las personas por tus obras que eres mirado y amado por Dios?

Julián Escobar.


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