1 de diciembre de 2022

1 dic. Mt 7, 21.24-27 

Señor, hoy vengo con la necesidad de que acaricies mi vida antes de comenzar mi jornada.

Necesito que tus ojos se posen un momento sobre mis ojos. 

Que acuda a mi trabajo sabiendo que me acompañas. 

Te necesito como Dios y como Amigo mío.

Hoy me siento irascible, enfadado conmigo mismo. Pero sé que, amándote, tus pensamientos llegarán a mi, y tus pensamientos me darán paz y alegría. 

Te cuento, Señor, que hoy tuve un sueño:

El Padre Dios llama a mi puerta buscando un hogar para su hijo, para Ti.

—El alquiler es barato, de verdad—le digo.

—No quiero alquilarlo, quiero comprarlo —dice Dios.

—No sé si querré venderlo, pero puedes entrar y echarle un vistazo.

—Te podría dejar una o dos habitaciones.

—Me gusta —dice Dios—. Voy a tomar las dos. Quizá decidas algún día darme más. Puedo esperar. Lo que he visto me gusta.

—Bueno, quizá te pueda dejar otra habitación. En realidad, yo no necesito tanto, le digo.

—Gracias —dice Dios—. La tomo. Me gusta lo que he visto.

—Me gustaría dejarte toda la casa, pero tengo mis dudas.

—Piénsalo —dice Dios—. Yo no te dejaría fuera. Tu casa sería mía y mi hijo viviría en ella. Y tú tendrías más espacio del que has tenido nunca.

—No entiendo lo que me estás diciendo.

—Ya lo sé —dice Dios—, pero no puedo explicártelo. Tendrás que descubrirlo por tu cuenta. Y esto sólo puede suceder si le dejas a él toda la casa.

—Un poco arriesgado, ¿no?

—Así es —dice Dios—, pero ponme a prueba.

—Me lo pensaré. Me pondré en contacto contigo.

—Puedo esperar —dice Dios—. Lo que he visto me gusta.

-¿Qué te parece mi sueño, Señor? Dios quiere mi vida entera como hogar para Ti.

- Yo te respondo a través del Apocalipsis (3,20)

Mira que estoy a la puerta llamando. 

Si alguien escucha mi llamada y abre la puerta, 

entraré en su casa y cenaremos juntos.

¿Cuántas concesiones le haces a Dios a lo largo del día?

¿Le regateas a Dios lo que le concedes a tus instintos?

• Cierto día Abba Macario volvía a su celda desde las marismas llevando hojas de palma. Y de repente vio al demonio en el camino, que empuñaba una hoz e intentaba atacarle. Pero no pudo, y le dijo: “Oh Macario, por tu culpa estoy sometido a gran violencia. Hago cuanto tú haces, te lo aseguro. Cuando tú ayunas, yo no como; y cuando estás en vela, no duermo un instante. Sólo hay una cosa en que te diferencias de mí”. “¿Cuál?”, le preguntó entonces Abba Macario. El demonio le replicó: “Es tu humildad; y por eso soy impotente frente a ti”. Disimulas ser humilde, pero este mismo disimulo desdice tu falta de humildad. ¿Por qué te crees mejor que tus compañeros? Si son mejores que tú, imítalos. Si no lo son, ámalos y reza por ellos para que lo sean, y nunca los critiques.

Julián Escobar.


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