14 de diciembre de 2022

14 dic. S. Juan de la Cruz. Lc 7, 19-23

Señor, San Agustín decía: «Nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Señor, ¿toda la vida sentiré inquieto mi corazón con deseos de ser santo, pero cayendo en el pecado una y otra vez? 

Escucha y aprende.

Un grupo de trabajadores estaba apilando serrín, cuando uno de ellos advirtió que se le había caído el reloj de su muñeca. Sus compañeros interrumpieron el trabajo para buscarlo. Pero no dieron con el reloj. Entonces, decidieron dejarlo y se fueron a tomar un café.

Un joven, que había estado observando, entró en el almacén y, al poco rato, se presentó ante el grupo con el reloj en su mano.

—¿Dónde estaba? —le preguntaron.

—¿Dónde? Pues, en el almacén —les dijo el joven.

—No puede ser —dijeron ellos—, lo hemos buscado por todas partes. ¿Cómo lo has hecho?

—Me he puesto en silencio completo hasta que he oído el suave tic-tac del reloj y lo he sacado de donde estaba enterrado bajo el serrín.

¿Comprendes lo que quiero decirte?

- Sí, Señor. Donde hay silencio se oye hasta el latir del corazón de Dios y ese latir da paz al corazón que lo escucha.

¿El silencio te ayuda a entrar en contacto con Dios?

¿Huyes del silencio?

 Sólo podrás ver reflejada tu imagen

en las aguas quietas,

nunca en las movidas.

Julián Escobar.


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