20 de diciembre de 2022

 20 dic. Lc 1, 26-38

Señor, se acerca la Navidad. Hace dos mil años viniste a la Tierra y no encontraste lugar donde nacer. Yo quiero prepararte un sitio, un lugar donde te encuentres a gusto: mi casa, entre los míos… en mi vida.

Me levanté temprano una mañana, 

y me lancé a aprovechar el día.

Tenía tantas cosas que hacer, 

que no tuve tiempo para rezar.

Se me amontonaron los problemas

y todo se me volvía cada vez más difícil.

«¿Por qué no me ayuda Dios?» —me preguntaba. 

Y tú me respondiste: «No me lo has pedido».

Quería sentir la alegría y la belleza, 

pero el día continuó triste y sombrío.

Me preguntaba por qué Tú, Señor, no me las habías dado. 

Y Tú me dijiste: «Es que no me las has pedido».

Intenté abrirme paso hasta la presencia de Dios, 

y probé todas mis llaves en la cerradura.

Y Tú, Señor, me dijiste suave y amorosamente:

«Hijo mío, no has llamado a la puerta».

Pero esta mañana me levanté temprano

Y aquí estoy para decirte sólo dos cosas: 

Te amo y te necesito.

- ¿Qué le dices a Dios en los momentos de angustia?

- ¿Acudes a Dios sólo cuando tienes problemas?







Julián Escobar.


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