1 de enero de 2026

Una vieja leyenda.

Quienes acumulan en su interior tristezas y resentimientos y, sin embargo, tratan de orar, se parecen a aquellos que achican agua y la echan en una cuba agujereada. 

En el altar de un convento hay una imagen un tanto extraña de María: tiene rotas las dos manos.

En otros tiempos la imagen estuvo incólume, pero fue mutilada después, en conmociones de guerra; y dice la leyenda que ante la estatua, cuando estaba entera, se vieron atendidas muchas súplicas, pero que ahora, ante la estatua mutilada no se obran ya milagros; le faltan las manos a la Virgen para levantarlas a Dios rogando por los hombres.

Y dice la leyenda que si un hombre se arrodillase ante la estatua y rezase de esta manera: 'Virgen Santísima, Madre mía, aquí tienes mis manos; son tan limpias, tan suaves, tan incontaminadas que me atrevo a ofrecértelas para sustituir las tuyas...; entonces se reanudarían los milagros.

¿Sientes el profundo simbolismo de la leyenda? El alma hundida en el pecado y las manos manchadas honran en vano a María. Primero hemos de lavar con arrepentimiento toda la suciedad que tenemos pegada; y sólo después podemos atrevernos a mirar el rostro siempre puro, limpio, de María.

- ¿Con qué limpieza de mente y corazón le pides a la Virgen María?

- ¿Eres sus manos para ayudar a los demás?

Julián Escobar.


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